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La Congregación

En sus primeros años, la Congregación Somasca se dedicó casi exclusivamente al cuidado de los huérfanos, alcanzando en este campo una verdadera especialización.

Fue San Pío V quien concedió a los Pobres de Somasca el rango de Orden Religiosa, el 6 de diciembre de 1568. Esta nueva situación jurídica aportó a la Congregación un considerable desarrollo: surgieron las obras de Piacenza, Siena, Alessandria, Napoli, Macerata y Lodi.

Además, la experiencia de los Padres Somascos en el campo de la formación hizo que se les encomendara la gestión de los nuevos seminarios, recientemente instituidos por el Concilio de Trento, y ayudaron a muchos obispos a poner en marcha estas instituciones. Después vinieron los colegios: el Colegio Gallio, de Como,  en 1583 (hoy el colegio religioso más antiguo de Europa), y el famoso Colegio Clementino de Roma, para nobles, en 1595. Y a pesar de cierta oposición, se abrieron también algunas escuelas públicas. La actividad docente significó un hito importante para la Congregación durante todo el 1600, llegando a ocuparse de ella casi la mitad de las casas.

En 1650 los Somascos eran 486, de los cuales 147 eran hermanos legos y 41, agregados; éstos emitían votos privados y vivían en comunidad, exactamente igual que los religiosos.

La apertura al mundo de la Orden Somasca (después de cuatrocientos años de servicio a la Iglesia italiana) es muy reciente: se produce con la llegada de los primeros hijos de San Jerónimo al continente americano, más concretamente a El Salvador, en 1921. Desde entonces, los Somascos están extendidos por 15 países de tres continentes: Europa, América y Asia.